lunes, 3 de mayo de 2010

El Dolor transforma

Valió la pena, sufrir dolores de parto,
cuando al final se sostiene entre las manos una nueva vida
que el existir de la Madre ha transformado...

Y el dolor que se experimenta en las pequeñas caídas,
cuando se dan los primeros pasos, se convierte en triunfo,
al lograr afianzar el caminar, luego poder correr,
y quizás hasta en sueños volar...

Un fracaso, asumido con madurez, puede en un principio doler;
pero al superarlo, el alma se logra fortalecer;
y más valiente se hace el ser humano,
ante cualquier reto que se le presente
o ante los diferentes momentos que en su vida pueda tener...

Los padres que tienen un hijo especial, desde un primer momento,
es tan grande el dolor que pueden llegar a pensar,
que se sienten frustrados y no lo podrán superar;
pero con el tiempo y asumido desde la fe,
ese ser que en un principio causó dolor,
se llegará a convertir en el más grande amor,
y les enseñará a descubrir lo que realmente en la vida tiene valor...

El perder un ser querido, deja el corazón destruido...
hasta que se logra ver la muerte desde los ojos de Dios,
y se transforma en esperanza el dolor;
esta tristeza que deja el vacío,
nos enseña a valorar a quienes a nuestro lado han quedado,
y que también son seres amados...

Si llegas a sentir hambre,
aprendes a valorar el pan que comes cada día...
Si superas una enfermedad, vives más intensamente la vida;
Si pierdes un amor por un error;
te esfuerzas por dar de ahora en adelante, de ti lo mejor...

Así es el DOLOR, te hace fuerte, TRANSFORMA EL CORAZÓN...

Es necesario asumirlo desde la fe, porque así,
aunque sea demasiado fuerte ese dolor, NO TE DETIENE,
te enseña a ver el mundo con otros ojos,
y te ayuda a vivir mucho mejor...

Si careces de algo, valoras más lo que tienes...
Si sufres por alguien, llegas a amarlo más...
Si escoges el camino difícil, te haces más fuerte.
Si experimentas de cerca la muerte, aprendes a amar más la vida...
Si caes, adquieres destreza en levantarte...

EL DOLOR NO DEFORMA, SINO QUE TRANSFORMA...

Hay quienes se quejan del dolor y el sufrimiento;
y otros que se van al extremo,
les gusta ser masoquistas y quedarse en ello...

El dolor no es un castigo, tampoco un estilo de vida;
no se trata de renunciar a vivir, ni de estancarse en él,
para decir que se ha de sufrir...

El dolor es un verbo más que se conjuga en el ser humano,
pero que debe ser asumido en paz,
enfrentarlo como un reto o como ese peldaño, que al superarlo,
te hace fuerte, te enseña a valorar lo que tienes,
te asemeja a Aquél que por Amor,
su vida entregó e hizo del dolor, Redención...

El dolor no deforma, transforma... es una gran verdad...
y eso lo sustentan, quienes al sufrir,
sienten que han crecido y se han fortalecido aún más...
aquello que alguna vez te hace sufrir, al superarlo,
te hará feliz de verdad;
te enseñará a ver la vida con nuevos ojos,
y podrás experimentar en tu corazón una gran paz,
que se hará presente en cualquier momento que vivas,
ya sea al reír o al llorar...

Todo esto define, esa gran verdad:

EL DOLOR NO DEFORMA, TRANSFORMA
¡CON DOLOR SE NACE...PERO DIOS TE AMA!,
¡CON DOLOR SE CRECE... PERO DIOS TE CALMA!
¡CON DOLOR SE MUERE...PERO DIOS TE ESPERA!

4 comentarios:

Militos dijo...

Querida Desiré: cómo aciertas en todo lo que dices en este post, me adhiero a él en su totalidad.
El dolor transforma y quien no quiera pasar por él se dará de bruces contra el mismo.
El dolor es inseparable del amor, caminan juntos y juntos se fortalecen. Pero un dolor sublimado, elevado a Dios es garantía de felicidad.

Me encanta verte activa, se te ha echado tanto de menos.
Un beso con todo mi cariño

tia elsa dijo...

Muy bella entrada y hacés yo creo que el dolor refina, que si sos de buena fibra saca lo mejor de cada uno, Besos tía Elsa.

María Cristina dijo...

que lindo post porque da un enfasis a esa maravilla que es ser madre, abrazos

AleMamá dijo...

He estado en un estado doloroso este último tiempo. ¿podrías encomendarme?
Revisando viejos posts he dado con un comentario tuyo y vine a ver qué onda.
¿Qué es de tu vida?

Un beso