Debo decir que de niña no crecí con las "cosas" que hubiera querido tener pero fui feliz y en gran parte eso se debió a que mi mamá sí estaba en casa, todo el tiempo, no como yo. Pero reconozco que eso convirtió a mi mamá es una profesional de la crianza, criar era su centro de vida, aún lo es. Un nido vacío la llena de nostalgia y tristeza. Pero sin duda es maravillosa en lo que hace e hizo por nuestra familia.
Sin embargo, no creo que ella durmiera tranquila por estar allí para sus hijas. Recuerdo verla inquieta por otras razones y se que tampoco dormía pensando en que no quería que fuéramos como ella y de hecho nos enseñó la importancia de ser independientes económica y psicológicamente, aún cuando ella no lo era. Mi mamá no dormía pensando en si le alcanzaría el dinero para la escuela, el almuerzo, la ropa y los regalos que nos hacia.
Parte de ser mujer en una sociedad machista implica que espera que seamos un género casi divino por ser madres. Pero somos solo seres humanos, limitadas en tiempo y espacio, no somos omnipotentes, omniscientes ni omnipresentes. Como madres le fallaremos a los hijos, porque somos seres humanos limitadas por nuestra humanidad. Pero fallar no implica dejar de amar con la misma intensidad que ama cualquier madre y ese amor no deja de ser el más sacrificado amor manifestado por un ser humano, aún con sus límites y fallas.
Es momento de perdonarnos y reconocer que hay cosas que se nos salen de las manos. Es tiempo de reconocer que no podemos llenar las expectativas de super mujeres, porque no lo somos. Es tiempo de aprovechar al máximo el tiempo que tengamos agilidad y amor. Cada huella, cada recuerdo, cada experiencia con los pequeñines se convertirá en un evento inolvidable, si así nos lo proponemos.



